Jerome R. Singer

Profesor e investigador de la Universidad de Berkeley, California, (1921-2018) pionero en el campo de la imagen por resonancia magnética, nominado para el Premio Nobel por sus trabajos en esta parcela, que permitieron que su discípulo Paul Lauterbur lo obtuviera en el año 2003.

Nacido en Cleveland, en el seno de una familia de inmigrantes, su padre era lituano, su madre polaca, tras servir en la II Guerra Mundial en la marina se graduó en ciencias físicas en la Universidad de Connecticut.

Inició su trabajo en la Universidad de California Berkeley en el Departamento de Biofísica, Ciencias Computacionales e Ingeniería Eléctrica, donde enseñó e investigó durante más de 25 años; inventor prolífico patentó más de 20 dispositivos y sistemas muy innovadores, muchos de los cuales construía personalmente.

Jerome, Jay como se le conocía familiarmente, publicó sus primeros trabajos sobre resonancia magnética en 1959, inicialmente con ratones y ulteriormente con humanos, consideraba que los núcleos de hidrógeno en un medio acuoso, el principal componente de la sangre, se comportan como pequeños imanes, que dentro de un campo magnético generan una señal de radiofrecuencia a partir de la cual se puede obtener una imagen.

Desarrolló algoritmos para medir la velocidad del flujo sanguíneo, junto con dos estudiantes construyó el primer dispositivo de resonancia magnética, utilizando un superconductor y un ordenador para obtener imágenes del cuerpo humano. Aunque inicialmente despertó un cierto escepticismo, Newsweek publicó en 1970 un artículo considerando su dispositivo como “una varilla de zahorí para localizar la sangre”, lo que despertó el interés de otros científicos.

Singer continuó expandiendo y refinando la tecnología en su laboratorio junto a su equipo de colaboradores, en 1983 publicó un artículo en Science demostrando que se podía medir el flujo de sangre dentro del cerebro.

En el curso de su carrera publicó más de 100 artículos científicos, formando a más de 75 investigadores. Se retiró de Berkeley en 1985. En 1990 demandó a la Universidad de California por no haberle abonado los derechos que le correspondían por las investigaciones sobre resonancia magnética que desarrolló en los años 70; en 1997 la corte de apelación emitió sentencia favorable y la universidad tuvo que pagarle 2,3 millones de dólares.

Propuesto para el Premio Nobel, este fue otorgado en 2003 a uno de sus fellows: el químico Paul Lauterbur, quien en el discurso de recepción del Premio le confirió el mérito de ser “uno de los primeros predecesores en el campo de la resonancia magnética”.

Tras retirarse de Berkeley fundó una serie de compañías tecnológicas y se mantuvo activo proponiendo nuevos inventos y dispositivos. Preocupado por el cambio climático y los problemas medioambientales intentó buscar posibles soluciones desarrollando distintos modelos experimentales.

Junto con Margaret, su esposa, profesora de psicología en la misma universidad, constituían una pareja muy querida y respetada.

Jay era considerado por los que le conocían como una persona vital y optimista, amante de la buena mesa y de los buenos vinos, al que le gustaba jugar al ping-pong con sus cuatro nietos.

Como muestra de su vitalidad se cuenta que cuando sus nietos empezaron a ganarle al ping-pong se apuntó a una escuela de esta disciplina para recibir clases y mejorar su nivel.