Anna Bertha Ludwig

Esposa de Wilhelm Conrad Roentgen, descubridor de los rayos X, a la que el 22 de diciembre de 1895 se realizó la primera radiografía conocida de una parte del cuerpo humano.

En la literatura científica no se suele prestar demasiada atención a la esposa de Roentgen, la que puso su mano izquierda para que se hiciera aquella radiografía en la que se ven algunos metacarpianos y huesos de los dedos de la mano, incluyendo un anillo; con ella se inicia la radiología médica y las técnicas de diagnóstico por imagen, que tanto han contribuido al avance de la medicina.

Anna nació en Zurich (Suiza) el 22 de abril de 1839 y murió en Munich (Alemania) el 31 de octubre de 1919, tras 47 años de matrimonio con Roentgen.

Roentgen nació y pasó su primera infancia en Lennep, un pequeño pueblo ubicado al oeste de Alemania, como hijo único de Friederich Conrad Roentgen, comerciante de tejidos, y su prima de origen holandés Charlotte Constance Frowein. Se trasladó a Holanda, cuando tenía tres años de edad, para vivir con los familiares de su madre y ulteriormente a Zurich para completar su formación académica.

Wilhelm y Anna se conocieron en Zurich mientras Roentgen trabajaba como ayudante de su profesor de física, Augustus Kundt, que fue quien lo inspiró a dedicarse a esta disciplina.

Anna era una mujer alta, delgada, muy atractiva y encantadora, hija de Johann Gottfried Ludwig, alemán, dueño de una pequeña hospedería o café muy popular entre los estudiantes, llamado Zum Grünen Glas (‘Hacia el prado verde’).

Una tarde de 1866, cuando Roentgen volvía de su trabajo decidió pasar a tomarse un café y allí conoció a Anna. Se dice que fue amor a primera vista.

Se comprometieron en 1869, pero el noviazgo no fue fácil, primero, porque Anna era seis años mayor que Wilhelm, algo muy poco común en esa época y segundo porque el padre de Roentgen se oponía a la relación. Él tenía ambiciosos planes para su único hijo y se sintió muy decepcionado cuando Wilhelm eligió a alguien de cuna humilde. Contrajeron matrimonio el 7 de julio de 1872 en Apeldoor, Holanda.

Sus primeros años de casados fueron bastante difíciles porque el padre de Roentgen, como represalia, quitó todo apoyo financiero a la nueva familia y como ayudante Wilhelm ganaba muy poco dinero. Pero eran felices juntos y supieron sobrellevar las adversidades.

Roentgen trabajaba largas horas en sus experimentos, tanto en la Universidad como en el laboratorio que instaló en su casa. Anna tenía gran cariño por su marido y comprendía que Wilhelm necesitaba su espacio para poder concentrarse, pero eso no evitaba que la mayoría del tiempo se sintiera sola. Ansiaba mucho poder quedar embarazada y rodearse de hijos que la acompañaran, pero este deseo nunca se hizo realidad.

En 1887 una tragedia sacudió la familia de Anna, su único hermano falleció dejando huérfana a la pequeña Josephine Bertha Ludwig, de sólo seis años. Wilhelm y Anna decidieron adoptarla y así Anna pudo cumplir el anhelo de ser madre.

Con el apoyo de Anna, Roentgen fue haciendo crecer su carrera como físico y académico y en 1894 fue elegido como nuevo rector de la Universidad de Würzburg. Su labor docente e investigadora, así como la concesión del primer Premio Nobel de Física, en 1901 son hechos bien conocidos.

Anna posibilitó el ambiente adecuado de trabajo que necesitaba su marido y supo gobernar adecuadamente su hogar adaptándose a las posibilidades económicas de la familia, que no eran muchas (Roentgen, por razones éticas, nunca quiso registrar cualquier patente relacionada con su descubrimiento, pensaba que la humanidad debía disponer libremente de él; incluso el dinero del Premio Nobel -50.000 coronas suecas- lo donó para el apoyo a la investigación en la Universidad de Würzburg, que le concedió el grado honorario de Doctor en Medicina).

Anna tenía una delicada salud, sufría cólicos nefríticos de repetición, falleció a la avanzada edad, en aquella época, de 80 años, casi veinticinco después de haber expuesto su mano a la radiación. Su marido falleció casi a la misma edad que su esposa de un cáncer intestinal.

Esta es la historia de una mujer que, en segundo plano, contribuyó con su quehacer cotidiano y metódico en el hogar de Wilhelm Roentgen a uno de los mayores descubrimientos de la ciencia moderna y que por derecho propio forma parte de la historia, puesto que su mano izquierda fue la primera imagen radiográfica que se obtuvo del cuerpo humano.